martes, junio 21, 2011

EHEC: ola infecciosa desde el norte

Por Dipl.-Chem. Michael van den Heuvel
Periodista médico
München

Desde el 10 de mayo, una “ola viajera” bastante especial recorre Europa de norte a sur: una infección producida por bacterias intestinales EHEC se extiende por Alemania y el resto de Europa. Hasta el momento unos 3000 pacientes alemanes han contraído la patología, al tiempo que las autoridades registran casos mortales. Sus recomendaciones: higiene exhaustiva. Pues desde el punto de vista terapéutico es poco lo que se puede hacer.

La bacteria Escherichia coli se aloja en el intestino grueso de los seres humanos y los animales. Su malvada madrastra, la Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC), contiene algunos elementos genéticos adicionales que le confieren características patógenas. El Dr. Rolf Steinmüller, de la Corporación Neogen, en Escocia, opina que este organismo representa “uno de los grandes retos microbiológicos para la industria alimentaria desde el botulismo”. Se considera que las fuentes más comunes de infección son la carne cruda, los lácteos no pasteurizados así como las frutas y verduras. Los bacteriólogos identifican a la EHEC con la nomenclatura O157:H7. La “O” hace referencia a liposacáridos especiales, es decir, azúcar y grasas en la membrana, mientras que la “H” a ciertas particularidades genéticas de los flagelos. También se conocen otras variantes.

Sherlock Holmes con bata blanca

Los científicos del Instituto Robert Koch (RKI), en Berlín, en su afán por localizar la fuente de estas infecciones, están obligados a recurrir a todo su olfato detectivesco, realizando interrogatorios a los afectados y analizando los distintos víveres.

Sin embargo, las infecciones con EHEC no son poco frecuentes. Desde que en 2001 se implementara en Alemania la declaración obligatoria de la enfermedad, las autoridades registran entre 800 y 1200 casos cada año. Estos datos convierten a la bacteria en el segundo agente patógeno más común causante de patologías infecciosas gastrointestinales, sobrepasado solamente por la salmonella. Por otro lado, la evolución severa del cuadro clínico, más allá de los grupos habituales de riesgo, constituía la excepción. En cambio, ahora los expertos se sorprenden de que tantos adultos, y en especial mujeres, contraigan la enfermedad. “Los pacientes clásicos son los infantes en edad escolar que viven en una granja”, explica Susanne Glasmacher, la portavoz del RKI. Asimismo, la gravedad de los casos resultaría atípica. “Esta evolución sobrepasa todos los registros históricos”, advierte el Prof. Dr. Werner Solbach, microbiólogo de la Clínica Universitaria de Schleswig-Holstein.
 

Cuidado, bacterias en libertad

Especialmente los rumiantes (vacas, cabras u ovejas) suelen resultar culpables de los cargos imputados. Los veterinarios sospechan que proporcionar trigo a animales que en realidad se alimentan de hierba o paja destruye la flora intestinal, de modo que la EHEC obtiene la posibilidad de establecerse. Desde los años 80, este tipo de alimentación se ha vuelto muy habitual. Curiosamente, justo a partir de entonces se encuentran los primeros registros de infecciones en la literatura. Después de la excreción de las heces, la bacteria permanece activa todavía algunas semanas. Si a través del abono la bacteria llega a alimentos que se consumen crudos o sin lavar, se produce el contagio, para el que resultan suficientes unos 100 individuos. Pero también la carne y la leche cruda, si no se procesan adecuadamente, pueden estar contaminados.

El viaje hacia el sistema digestivo se inicia después de la comida. Gracias a un sistema especial de adaptación, la EHEC se muestra insensible contra los agresivos ácidos del estómago y alcanza el intestino al cabo de un corto tiempo. Después de un período de latencia de uno a tres días, se producen diarreas severas y sanguinolentas, que suelen ir acompañadas de dolores abdominales espasmódicos, náuseas y vómitos.
 

Células humanas desprogramadas

Una vez alcanzada la meta, las EHECs utilizan de inmediato unas proteínas especiales para adherirse al intestino. Un grupo de investigadores del Centro Helmholtz para la Investigación de Infecciones (HZI), en Brunswick, estudió con detalle estos mecanismos: los invasores desprograman en especial a la actina, uno de los componentes del citoesqueleto. Se producen entonces evaginaciones en las que la bacteria prácticamente puede enclavarse. Incluso aunque se produzca una fuerte diarrea, permanece en el intestino sin ser expelida. “La condición previa para esta transducción de señal radica en un sistema de secreción especial, una especie de jeringa molecular a través de la cual la bacteria es capaz de infiltrar proteínas enteras dentro de la célula anfitriona”, constata la Prof. Dra. Theresia Stradal, bióloga celular. Los factores Tir y EspFU resultan determinantes para ello. Tir se presenta en la superficie de la célula, permitiendo que la bacteria se acople. En cambio, EspFU proporciona el pistoletazo de salida para reconstruir el citoesqueleto de las células intestinales. La retroacción tiene lugar a través de otro elemento de unión molecular, de modo que la reconfiguración de las estructuras de actina en lugares con presencia de bacterias sucede de modo condensado.

Así fijadas, las EHECs bombean verotoxina (una proteína venenosa) directamente en el lumen del intestino. Junto con la toxina botulínica, se considera a esta sustancia como uno de los venenos naturales más potentes. La verotoxina inhibe especialmente la síntesis de proteínas dentro de la célula y conduce a la decadencia del tejido afectado. De este mismo modo, numerosos órganos del cuerpo pueden resultar afectados mediante los vasos sanguíneos o linfáticos, tales como los riñones, el intestino grueso, el sistema nervioso o el páncreas. La toxina pareciera actuar directamente contra los pequeños vasos sanguíneos de los corpúsculos renales. Su destrucción conduce a un síndrome hemolítico urémico. Según algunas investigaciones, hasta el 10% de todos los pacientes infectados resultarían afectados. Si en el análisis de sangre se detecta una anemia debida a la reducción de eritrocitos y el número de plaquetas también ha reducido, se habla entonces de una púrpura trombocitopénica trombótica. En algunos pacientes adicionalmente se inflama la mucosa del intestino grueso, lo que se conoce como colitis hemorrágica.
 

Informar a los pacientes – Evitar el pánico

Contra esta patología existen alternativas muy limitadas: según la directriz “gastroenteritis infecciosa aguda”, no se debe administrar antibióticos, porque su éxito resulta muy discutible debido a las resistencias, y porque no puede descartarse una liberación más acentuada de toxinas. Más bien el enfoque central es el sintomático: electrolitos en caso de diarrea, al tiempo que los casos más severos requieren de tratamiento estacionario. Cuando se produce un síndrome hemolítico urémico, la diuresis forzada o la diálisis resultan ineludibles. Sin olvidar tampoco que los pacientes ya sanos podrían continuar expulsando gérmenes infecciosos durante meses. Las estrictas normas están concebidas con el fin de impedir que la infección continúe extendiéndose entre la familia o los colegas del trabajo
 
De modo que sólo queda la profilaxis: los epidemiólogos de la Oficina Federal Alemana de Evaluación de Riesgos (BfR) han elaborado una guía para los pacientes. Además de las medidas obvias de higiene tales como lavarse las manos, aconsejan una higiene estricta en la cocina (las tablas de madera y los trapos para limpiar son considerados paraísos para estos indeseables huéspedes). Las frutas y verduras deben lavarse concienzudamente, mientras que los productos cárnicos crudos deben eliminarse por completo del menú. “Como el hábitat principal de las bacterias EHEC son los rumiantes, se debe calentar adecuadamente la leche y la carne de este tipo de animales”, aconseja el Prof. Dr. Dr. Andreas Hensel, presidente de la BfR. El antiguo refrán ingles peel it, boil it, cook it – or forget it no ha perdido un ápice de vigencia en 2011.
 
Pero también se pide la colaboración de los colegas: la BfR sugiere a los médicos realizar de forma inmediata una prueba de EHEC para todos los pacientes que sufran de diarrea sanguinolenta. Si el resultado fuera positivo, es obligatorio informar a las autoridades sanitarias competentes. A continuación deben enviarse las pruebas al Centro Nacional de Referencia para salmonellas y otros agentes de la enteritis, situado en Wernigerode